La última vez fue el 31 de diciembre. El tiempo vuela o al menos eso diríamos en una de esas tantas charlas que tenemos todos los días, con el simple ánimo de intentar prolongar una conversación que quizá no es de nuestro interés, pero que por alguna razón queremos mantener.
El tiempo vuela, sí, en retrospectiva casi todos vamos a estar de acuerdo que la percepción del tiempo nos hace revivir nuestras experiencias como si usáramos la función de x2 en Youtube o WhatsApp hubiesen ocurrido en cuestión de segundos. También es común escuchar un tiempo al tiempo cuando se discute con amigos sobre puntos de inflexión en la vida normalmente cuando son experiencias dolorosas tratando de dar a entender que no existe una solución para el problema en cuestión, por lo cual, lo más conveniente es aprender a vivir con el dolor, hasta que nuevos dolores y alegrías vayan enviando poco a poco ése dolor en particular a la trastienda de nuestras preocupaciones. Por supuesto, el ciclo se repite y repetirá una y otra vez.
El tiempo es tan complejo que pese a la simpleza de establecer tres grandes límites en el cómo transcurre, es decir, pasado, presente y futuro, sus fronteras son tan porosas, que para el ser humano moderno es imposible definir el presente sin referirse al pasado o el futuro. Aquí surge una de las paradojas del párrafo anterior, se busca en el paso del tiempo una vía para hacer que el pasado sea barrido debajo de la alfombra del futuro, pero hay tanta ansiedad por ese futuro, que se lo confunde con el presente o viceversa. Al final, el pasado está ahí. No hay razones para negarlo. Evidentemente hay pasado que solo es pasado y es irrelevante ¡Por favor, que se entienda!
¿Y entonces?
¿Desconectarse es la solución? Es que en esencia no se puede hablar de una solución, se trata, diría yo, de un parche, de una especie de remiendo. El inconveniente es que en cualquier momento pueden haber detonantes sobre los que no se tiene ninguna clase de control. Ahora bien, más allá de la anterior queja, desconectarse sí que es el mejor parche, entendiendo que en cualquier instante pueden haber recaídas. No hay que juzgarse porque sea así.
¿Qué estará pasando? No lo sé. Sin embargo, es una sensación extraña que me gustaría discutir en detalle con alguien que, por circunstancias de la vida, pueda describirla de forma similar. Es una felicidad que perdura desde el pasado hasta el futuro con una clara impronta en el presente, pero que pese a no estar presente en el presente, sigue ahí. Es una felicidad que agradece el pasado y respeta tanto el presente como el futuro desde la lejanía. Es una felicidad que no tiene comparación al menos hasta el presente hasta el presente, y que pese a toda la tristeza que implica en el pasado, presente y futuro, la conclusión no cambia: la eternidad tiene muchas formas de expresarse y algunas de ellas son de corta duración.
Conclusión
La parte más bonita, pese a la paradoja que implica, es que párrafos como el anterior se pueden decir sin ningún tipo de problema viviendo en un presente feliz y completo como diría cualquier imbécil por ahí en redes sociales. Al final, la visión dicotómica termina por enceguecer y nublar la complejidad de la vida. No hay que confundirse, solo se trata de aprender a reconocer el valor de cada experiencia vivida, no de negarse a continuar y disfrutar del pasado, presente y futuro, porque si hay algo claro respecto al tiempo y la vida, es que la vida sigue.