Él…ya se fue

No me canso de verlo vagar y divagar, de observar como a poco él mismo va acabando con el cada vez más indetectable espíritu que le acompaña, de lamentar cada una de sus decisiones, de no comprender lo que ocurre a su alrededor tras cada decisión tomada.

Lo ideal sería parar, dejarlo ir de una vez por todas, pero hay algo que lo detiene, existe una idea, una esperanza que lo amarra, lo engancha, una que no le da la más mínima colaboración para alejarse de ese estado que tanto daño le hace, por eso siempre le digo: «prefiero vivir como un cobarde que vivir cobardemente».

Tal parece que nunca ha entendido mis palabras, siempre las ignora, pues los resultados que han aparecido en su mente, en su cuerpo y en su pequeño espíritu son cada vez más grandes, no cabe ninguna duda que esto no lo podrá dejar atrás hasta que la vida le de la experiencia para hacerlo, pues tal parece que no ha querido aceptar su destino.

Él…ya se fue.