La ceremonia de grado, ese momento esperado desde hace seis años por María, que sólo era visualizado en los sueños de una tierna primípara que anhelaba obtener su diploma como socióloga para tratar de aportar su granito de arena y hacer un cambio aunque fuese mínimo para un mundo inclemente e injusto, por eso, siempre se había destacado como la mejor alumna de la Universidad del Valle en cada uno de sus semestres, obteniendo el ansiado estímulo académico que la mantenía en este centro de conocimientos, pues sin aquella beca sería imposible el continuar en su amada carrera semestre tras semestre, por lo que en definitiva, su puesto para dar el discurso como la mejor alumna de su grupo estaba ya anunciado y su garganta se preparaba escalón por escalón para presentarse al público que estaba cada vez más cerca.
Al momento de irse acercando al estrado, los aplausos crearon un estruendoso camino que guiaba a una desconcertada María, ya que eso de hablarle a cinco mil personas no es algo fácil de hacer, pero el destino jugó una mala pasada para esta bella y dedicada estudiante, pues súbitamente el Rector de la Universidad del Valle en conjunto con el Ministro de Educación Nacional aparecieron en ese escenario, para al parecer dar una mala noticia al público en general, aunque por las miradas de aquellos dos personajes, su mensaje afectaría esencialmente a esos estudiantes quienes ya tenían en mente como festejar su grado.
Las palabras del Rector de la Universidad del Valle escoltado por el Ministro de Educación Nacional no se hicieron esperar, especialmente por la reacción que ambos esperaban de los estudiantes, pues terminaron por informar que el presente grado se cancelaría, ya que la carrera de sociología debía ser modificada y cada uno de los estudiantes allí presentes debían dedicar un año más de estudio para recibir finalmente su diploma, pero eso no fue todo, ya que el Ministro de Educación Nacional culminó su discurso diciendo: “buena suerte y ojalá nos veamos el próximo año”, frase que provocó el descontento y un instinto casi asesino en la mente de María.
Ante un acto tan solemne, las miradas expectantes y estupefactas frente a tal anuncio presionaron al anfitrión de la ceremonia de grado, quien pensó en hacer sonar el himno nacional para cerrar aquel bochornoso espectáculo que derrumbaba los sueños de un grupo de estudiantes aspirantes a sociólogos que no tenían más opción que tomarlo con calma y resignarse a esa situación, aunque el caso de María era diferente, pues un tic nervioso se apoderó de su ojo derecho, mientras sus hombros se movían sin control, una idea macabra había poseído la inocente mente de esa notable estudiante.
Tan pronto como el Rector de la Universidad del Valle y el Ministro de Educación Nacional abandonaban el recinto, María recordó una de las antiguas prácticas que había estudiado en el África, pues mientras iba tomando una de las astas que sostenía la bandera Colombiana inició la reproducción del himno nacional en el recinto, para clavarla directamente en el pecho del Ministro y hacer que sus ojos reflejasen el arrepentimiento frente a su anuncio.
Pero el acto de María no culminó allí, ya que se dirigió al cuerpo empalado del Ministro de Educación Nacional y con una fuerza que nadie sabe de dónde salió lo arrastro para izarlo como si se tratase de la bandera nacional…un acto simbólico que mostraba el descontento de una estudiante ejemplar.