La chica del bus

Sonaba el despertador, tal cual como cada mañana en la que debía prepararme para esa molesta rutina que poco a poco iba consiguiendo forjar un sentimiento de ira e impaciencia ante la innegable capacidad para afrontar el día a día…pero no todo era tristeza, pues cada mañana traía consigo un apetitoso desayuno, momento en el que todos esos afanes cotidianos eran olvidados aunque fuese por unos tantos minutos en medio de una constante meditación sobre lo que haría ese día y en especial si por fin me atrevería…

Ya estaba listo para salir de mi caluroso hogar, me había bañado, tenía el estomago a reventar y mi mente aunque divagando se disponía a recibir a una sesión de veinte minutos de música electrónica al compás de mis pasos, ya que me disponía a tomar el bus. Cada uno de los escenarios por los que iba pasando en mi camino eran ignorados, no sé, a lo mejor la rutina consigue destruir su belleza día tras día, o simplemente mi capacidad de asombro ante la cotidianidad fue descendiendo…aunque en el fondo yo sabía que ninguno de esos dos argumentos eran correctos, sin saberlo, ya me encontraba esperando el bus.

Era un martes, el día esperado, el momento crucial para actuar, nada podía fallar, se trataba de un plan que había estado en ejecución justo al momento del desayuno y que venía desarrollando mentalmente desde hace unos tres meses, por esa razón retractarme no era una opción, aunque mi mente me lo propusiese milésima por milésima…así que tras ese calvario mental, me digné a retirar los audífonos de mis orejas lastimadas por el fuerte ruido de la música, dejando a David Guetta y su Love Is Gone en un recital que ya era ignorado por su único asistante, quién se veía en la tarea de acechar, de observar dónde se encontraba ella.

Creo haber dejado en claro el punto de mi odio hacia la rutina, pero para este caso en particular, yo amaba la rutina, pues gracias a ella tenía muy claro a que horas aparecería, conocía cual era la calle por la que la vería llegar, incluso me podría atrever a predecir cuál sería su ropa…mas no su nombre. Fueron largos esos minutos, y la constante congestión, salida de buses a mi alrededor y saludos de personas que para el caso no importaban, distraían mi mente que divagaba observando detenidamente una bomba de gasolina por la que su silueta daría paso al siguiente movimiento de mi plan.

Seis y veinte de la mañana, justo como lo predije, no tenía muy claro sí alegrarme por ello o sentirme como un asesino en serie que conocía cada uno de los movimientos que realizaría su víctima…pero…no era el momento, ahora…¡debía actuar!

Aguarde unos instantes después que pasó frente a mí, pero sin permitir que se alejase demasiado, ya que la idea consistía en abordar el mismo bus y tomar la silla contigua para iniciar una amena charla en la que se decidiría todo lo pensado durante esos tres meses; así que al ritmo de Love Don´t Let Go de David Guetta me puse a la tarea de conseguir ese ansiado puesto, para que lamentablemente al final me diese cuenta que otra persona ajena a cada uno de nosotros se me adelantará y evitase aquel encuentro.

¿Todo terminaría allí?, ¿me dejaría llevar por la derrota?, esas fueron las preguntas que rondaron mi mente por esos cuarenta minutos de viaje, sin dudas era el  momento ideal para abortar la misión, no había esperanzas, todo se encontraba en un viaje directo al caño. En medio de la confusión la volví a mirar con algo de disimulo y sólo pude pensar en intentarlo nuevamente, fuese como fuese.

Al poco rato de tomar la decisión de aventarme de nuevo a la aventura, llegamos al destino de aquella mujer, el cual se encontraba bastante lejos del mío, pero ya nada importaba, estaba dispuesto a llegar tarde a mi cita con la rutina sólo para conseguir entablar una pequeña conversación con ella, por lo cual, en cuanto se bajo yo también lo hice, para emprender una persecución en búsqueda del momento adecuado para dirigir cualquier palabra y obtener aunque fuese su correo electrónico, celular, beeper, telégrafo, dirección, una orden judicial por acoso o lo que sea.

¡Ese era el momento! aunque estuviésemos rodeados de muchas personas que probablemente se reirían ante mi posible fallido intento era necesario hacerlo, no podía aguardar más…acto seguido preparé mi garganta para decir un simple ‘Hola, ¿qué tal?’, ¡lo dije! pero no me escuchó, repetí nuevamente con un tono mayor para que me escuchase, otra vez no lo notó y a mi alrededor la gente empezaba a burlarse un poco de mí, razón por la que decidí intentarlo una última vez a todo pulmón consiguiendo el mismo resultado.

La decepción era total, tanto tiempo preparándome para ello y que todo terminase así…ignorándome, vaya, que feo se sentía, pero esto no se terminaba aquí, debía saber que ocurría, aunque estuviese en medio de las risas de la gente que se percató de la situación – paradójicámente a excepción de ella – así que aceleré mi paso y la adelanté, para darme cuenta que llevaba audífonos y se encontraba escuchando música electrónica a un volumen bastante elevado, lo que termino por decepcionarme y finalmente abortar aquella misión en medio de las risas de un grupo de desconocidos.

Basado en hechos no reales.

En el caso de tener dudas al respecto, puedo decir que ahora somos grandes amigos en mi mente.