Un cajón a toda velocidad

Fue un viaje extraño, nunca había estado en un sitio como ese, especialmente por la oscuridad del lugar y el aire enrarecido que se hacía bastante pesado ante cada vez que inhalaba.

No estoy seguro del ‘¿por qué?’ o el ¿cómo?, pero me encontraba totalmente seguro que era de noche aunque mi encierro no me permitiese comprobarlo directamente.

Ante tales circunstancias no me había percatado de algo esencial para la conciencia y tranquilidad de cualquier ser humano, pues de forma repentina recordé que no recordaba.

¿Por qué estaba allí?, ¿cuál era la razón para tener una venda en la boca que ahogaba mis gritos de socorro?, e igualmente ¿por qué mi cuerpo se encontraba inmovilizado por una molesta cuerda que sólo me permitía mover pensamiento tras pensamiento al no comprender lo que sucedía? y finalmente ¿por qué afuera de ese cajón que me atrapaba se escuchaban las voces de cuatro jóvenes como si de una fiesta se tratara?

De repente un fuerte ruido y una sacudida que sometió mi espalda a un dolor infernal me alertaron de que algo ocurría, pero nada logro sorprenderme más en aquel instante al sentir ese cajón que me encerraba, dando vueltas de forma descontrolada mientras mi cuerpo se golpeaba en todas las direcciones y el ambiente se veía acompañado de los gritos de los mismos cuatro jóvenes que poco a poco perdían ese entusiasmo fiestero que tanto me sorprendió al inicio de mi despertar. Pero…para ese instante el mayor impacto auditivo en esas pocas milésimas fue el agónico grito de una de las jóvenes ubicadas en la parte exterior de ese cajón que clamaba por ayuda y protección divina.

Finalmente, entre tantas vueltas y sacudidas que daba aquel cajón, una de ellas hizo que mi cabeza estallará contra una de las extrañas y misteriosas paredes…

Al cabo de quien sabe cuanto tiempo, desperté en una habitación blanca y con excelente iluminación, además libre de las ataduras que tanto me hicieron sufrir en ese cajón misterioso…me encontraba en la enfermería!!!

Tal era mi intriga al creer que todo había sido un sueño, que al ver una de las enfermeras, rápidamente me dirigí a ella para conseguir la ansiada respuesta para esa agitada noche.

Mi sorpresa al escuchar lo que en verdad ocurrió me hizo comprender lo frágiles y tal vez afortunados que podemos llegar a ser, pues me confirmaron que había sido atracado en el kilómetro 18 por mis supuestos amigos al darme un poco de escopolamina, y ellos, al no saber que hacer conmigo aprovecharon que el baúl de un carro se encontraba abierto para dejarme allí adentro amarrado, atado y sin la posibilidad de al menos gritar por algo de ayuda.

Historia basada en una anécdota real, aunque la mayoría de lo escrito aquí hace parte de la ficción.