Fue una larga espera, nueve largos meses, y…¿todo para qué?… pues para ver a mi bebé. Al pensar en ello, veo eso tonalidad negra, propia de él, pero lo más bello para mí, era cargarlo en mis manos, y sentir su agradable sensación que provocaba una constante experiencia de placer en todo mi cuerpo, por eso…creo que cada vez que lo cargo en mis manos recuerdo como lo obtuve…
Creo que tenía unos trece años para aquel momento. Siempre acostumbraba sentarme con mis amigos en alguna de las sillas del parque, pero ese día sería diferente, ya que al ver llegar a una de mis amigas – que… por cierto, hace tiempo no veía – con un bebé en sus manos, quien provocaba una lenta y desequilibraba forma de caminar, e incluso logrando mantenerla cabizbaja en todo momento.
Justo después de su tambaleante marcha, supe que yo deseaba conseguir un bebé!!!… pero, ¿cómo lo haría?…fue cuando pasó junto a mi lado la solución a mi problema, el hombre que me ayudaría a obtener ese ansiado bebé, y digo esto porque ya conocía de sus andanzas, además de su reconocida gestión en una organización llamada Fundación Adopta Mi Bebé.
Después de muchas averiguaciones y esfuerzos para hacerme con los datos personales de aquel hombre y conocer más sobre su trabajo para el fomento de la adopción de bebés en el país, conseguí organizar una cita con él, donde finalmente podría conseguir al bebé que tanto deseaba.
Al momento del encuentro, estábamos en un lugar oscuro, totalmente empolvado, lo que me asustó… pero tal era mi decisión que seguí en esta labor… mientras escuchaba a ese hombre, quien indicaba lo que debía hacer, como moverme, a quien hablarle al respecto de lo que sucedería después de lo que haríamos y obviamente el aspecto legal de lo que significaría que… yo, con mis trece años trabajara por ese bebé.
Y ahora volvemos al inicio de mi historia, pues nueve meses tardé en trabajar en ese semáforo para un hombre que explotaba a los niños pidiendo limosna, y ahora me doy cuenta de ello… donde recuerdo todo lo que hice por un blackberry.