Un día cualquiera en Ámsterdam

El paso del tiempo es en la mayoría de los casos un sinónimo de acostumbrarse. Es difícil saber con exactitud acostumbrarse a qué, pero así es. Claro, también hay casos en los que el paso del tiempo es un antónimo de acostumbrarse y tan sólo nos apegamos a las costumbres activas en lugar de dar una oportunidad a nuevos hábitos.

Engañarse a uno mismo es posible, aunque el sentido común te diga en un primer momento que no es así. Hay metas que uno se traza por cualquiera que sea el motivo. En ciertos casos se logra lo que se quiere, mientras que en otros se falla. En días recientes, bueno en realidad en semanas recientes me he propuesto una tarea muy simple…y no ¿Por qué es tan difícil?

Al no encontrar una solución desde el extrañamiento, mi análisis me dice que debo pasar al enfrentamiento. En ese sentido, si era necesario acelerar las cosas había que hacerlo, sin ningún tipo de duda, sin ninguna clase de miramiento. Eso sí, es complejo asumir que esa lucha interna no era una consecuencia que se dio del modo más adecuado o causa de un acto deliberado. Es mucho más complejo cuando una causa externa lo altera todo, más allá que su intervención se pueda reducir a un 1% de culpabilidad o incrementar a un 50%.

Más allá de lo anterior, la enseñanza consiste en enfrentar esas nuevas realidades que quizá parten de una interpretación falsa, mentiras, inventos o verdades crudas. Hay situaciones en las que tan sólo queda agachar la cabeza por más injustos que puedan ser los hechos, ya que al analizarlo todo con detenimiento parece ser lo mejor para la otra persona, aunque sea lo peor para uno mismo.

En buena medida de eso se trata en gran medida el modo en que nos relacionamos con los demás. Cada acción implica una reacción, además de un sinfín de efectos de composición. Otra conclusión más para aportar: siempre hay que confiar en las decisiones propias, principalmente cuando vienen de lo más profundo de nuestros sentimientos, por supuesto es válido consultarlo con otros para conocer su opinión, pero al final la respuesta correcta la tiene uno mismo. Por ignorar lo anterior, las consecuencias pueden ser graves.