Por cosas desafortunadas de la vida una persona me obligó a hizo pensar en esos momentos a los que uno quisiera volver porque simplemente fue feliz. Claro, en retrospectiva es mucho más fácil ¿o no?. Lo mejor del caso es que me llevé una gran sorpresa de las conclusiones a las que llegué.
El fútbol ante todo
Si hay algo que siempre me ha acompañado en la vida es la desgracia el fútbol. Por supuesto que la respuesta tiene que ver con el fútbol, con el rey de reyes. Y es que recuerdo esos días en los que no había dinero, en los que en la casa nos veíamos obligados a comer huevo en todas las posibles presentaciones que se le ocurriesen a mi madre o yo vendiendo CDs, sacando fotocopias o empacando thinner y bóxer con 12 o 13 años de edad mientras me engalochaba con el olor para poder ahorrar para unos tennis Venus de sólo 10.000 pesos, que después usaba por unos pocos meses para jugar microfútbol hasta que se dañaran en tiempo récord por su baja calidad.
Según la temporada, en el parque se pactaba ir cada ciertos días y a determinada hora para jugar. Había un grupo que iba los martes y jueves, mientras que otro iba los lunes, miércoles y viernes. Además, recuerdo un parche más que iba los domingos. En otras palabras, todos los días tenía con quien jugar microfútbol o por lo menos ir a charlar mientras veía fútbol. Son tiempos que al parecer no volverán y que no valoré como merecían.
Recuerdo las planchas o equipos de cinco jugadores que se formaban aleatoriamente según las personas iban llegando al parque. Por cada gol marcado seguía otro equipo nuevo y el reto era permanecer en la cancha siempre marcando un gol para no salir y por supuesto evitar recibir un gol, porque en ese caso habría que esperar una ronda para que todos los equipos jugaran y así volver a tener la oportunidad de ser el equipo en la cancha. En algunas ocasiones había que esperar incluso hasta una hora para volver a tener la opción de jugar.
De esas épocas no puedo dejar de mencionar a la plancha con la que mejores resultados tuvimos, al menos en cuanto a jugar con amigos cercanos se refiere.
- En el arco, Milton, un arquero que por el físico uno no se imaginaría lo veloz y ágil que puede ser con la posibilidad incluso de jugar como delantero. Tenerlo a él jugando al frente era lo mejor para alguien como yo, siempre marcaba la diagonal y el pase.
- Como libero o defensa, Mateo. No soy muy bueno, pero de tanto dedicar tiempo al fútbol mejoré bastante. No soy el más ágil regateando, pero siempre me enfoqué en el pase. Me gusta más hacer un pase gol antes que marcar un gol. Girar sobre mi propio eje siempre ha sido mi marca registrada 😉
- Por izquierda, la ráfaga Orrego o Champi, conocido en el bajo mundo como Champirrea. Se retiró del fútbol, pero tenía un enganche con la zurda que marcaba la diferencia.
- Milo o Boggy. Por la derecha. Buena técnica, conocimientos tácticos y boquilla.
- Pereza. Yo diría que fue el último 10 de Villa. La primera impresión que da es la de una persona que no tiene nada que ver con el fútbol. Físicamente de futbolista no tiene nada, pero una vez tenía el balón en los pies, en cualquiera de ellos, era magia pura. Fue una inspiración a nivel personal y por eso le decía Maestro.
Aunque fue uno de los tiempos que más disfruté, en cuanto a éxitos y mejor nivel de juego me tendría que remitir a unos años después, pero eso será para otro texto.
¿Por qué tanta importancia a correr detrás de un balón?
Ni yo mismo lo sé. Pero puedo asegurar que esos años de ir al parque todos los días a jugar microfútbol con gente desconocida, que poco a poco se fueron volviendo amigos cercanos, han sido de lo mejor que puedo recordar ¿Por qué? Bueno, simple. Hacía lo que más me gusta y aunque económicamente las condiciones de vida eran terribles, mi día a día era haciendo lo que más me gustaba, sin preocupaciones serias, sin lecturas, sin textos por escribir, sin trabajar en algo que no me llena, sin tener que cumplir con compromisos, sin tantos problemas que van llegando con el paso de los años.
Ahora bien, aunque quisiera decir lo contrario, no puedo afirmar que le daría una vuelta al reloj para retornar a esos tiempos, pero sí que los recuerdo con todo el cariño del mundo. Duele pensar que no los valoré como se merecían, porque en verdad marcaron un antes y un después en todo lo que soy.
¿Por qué escribir de esto ahora?
Debo aceptar que la cerveza nostalgia me invade por estos días y que la pandemia me hizo recordar mucho esos tiempos en cuanto a fútbol se refiere. Ahora bien, lo resaltó porque hay personas que conocen mi proceso y creen que obtener una beca y venir a vivir a Alemania se convirtió en el máximo logro que he conseguido. Pues no. Sin dudas todo el proceso para conseguirlo me hace sentir muy orgulloso, pero no es que esta experiencia sea lo más grande que ha ocurrido.
Es paradójico que así sea ¿No? El logro por el que más esfuerzo he hecho y al final el resultado no es tan grandioso como sí lo era ir a jugar fútbol todos los días en un parque ¡Las cosas de la vida! Aunque bueno, seamos justos, la vida tiene sus temporadas y a lo mejor en unos pocos días puedo cambiar de opinión, pero en esto no me puedo engañar y debo resaltar que es lo que pienso desde hace varios meses.
En conclusión, no, lo que aparentemente hace más feliz a una persona no tiene que ser automáticamente lo que en verdad le hace más feliz. Son tantas variables las que hay en medio, que tomarse el atrevimiento de lanzar esas conclusiones por otra persona sin tan siquiera consultarla es un acto de irrespeto.