488 kilómetros de ida y 488 kilómetros de vuelta

Estar a la espera del momento o del diagnóstico por estrés postraumático adecuado es una de las formas de justificar el porqué no escribo durante meses en este blog. Sin embargo, la lectura de mis publicaciones previas durante esos lapsos de tiempo sí permanece allí. Insisto, poder leer mis escritos de hace 15 años y compararlos con lo que escribí ayer…es una sensación de vergüenza y arrepentimiento difícil de explicar.

¿Qué ha pasado en estos últimos 434 días random?

Han sido meses muy intensos, diversos, divertidos y llenos de alcohol, fiesta, Alzate… y de altibajos. En retrospectiva me cuesta darle un sentido lógico a cada una de las experiencias que he tenido. Considero que es justamente esa imposibilidad de hacerlo, uno de los motivos principales por los que la depresión introspección merece cada segundo de llorar con una copa en la mano análisis personal.

Resulta curioso que al leer las publicaciones de conocidos de distintas partes del mundo, su sensación es que el 2021 es un año para olvidar, para descartar, para no tener en cuenta en sus vidas, para simplemente dar un salto desde el 2019 al 2022… en otras palabras, para echarlo en saco roto como ocurrió con el 2020 y la pandemia. En mi caso particular, el 2021 es como haber vivido 6 años en 1. Es que ha tenido de todo y de nada en simultáneo.

Una oda a la estupidez

La capacidad o maldición de calcular las consecuencias de una acción y por ende sentir miedo, es una desgracia habilidad que vamos desarrollando a medida que crecemos. Sin embargo, pareciera ser que cuando nos dejamos llevar, cuando es la desinhibición la que prima… disfrutamos más. De manera general, la mayoría optamos por el consumo de alguna sustancia y como colombiano que soy… para que eso ocurra. En ese sentido, uno de esos varios años que viví durante el 2021 estuvo caracterizado por el alcohol y por asociación… la estupidez.

El elogio de la dificultad

Estanislao Zuleta es uno de esos autores que siempre estarán ahí. Por cierto, bendita sea Eva por liberarnos del paraíso. Pero bueno, a lo que vinimos o nos vamos, que tiene que ver con la desconexión de la estupidez. Y es que pese a la necesidad de dejarse llevar por la idiotez, en algún momento como adultos dentro de este mundo hipercompetitivo, hay cosas por hacer. Básicamente de eso se trató otra de las etapas.

Un mundo en el mundo

Nuevas experiencias las que tuve allí por seis meses. El tiempo vuela. No mucho por decir, además de resaltar que aprendí a valorar aún más la decisión y esfuerzo de todas aquellas personas que migran a otro país para hacer dinero.

Sentir, pero sentir de verdad

Hay experiencias que falsamente nublan nuestra concepción de la vida. Parecen ser inigualables e irrepetibles. Es una cuestión de esperar cuando se está explorando desde la ingenuidad y el desconocimiento. Por eso, a fin de cuentas agradezco que al final sí haya ocurrido en otro contexto y de una manera inesperada… ese sentir de verdad. En retrospectiva vale la pena pese a todas las implicaciones que en su momento tuvo.

¿Y ahora?

Pues bueno, en esas andamos. Por ahora es un loading y nada más que eso.