Surrealismo mágico | Parte 1

Primer acto

Es un ejercicio que tenía pendiente desde hace unos cuatro meses, una idea que venía postergando por alguna/s razones que no son relevantes en este preciso instante. Sin embargo, lo que es clave en este momento es el homenaje de la huella que dejó El Titán. Es que de verdad es hora de brindar por ello, de gritarlo y de reconocer que soy un humano que segundo a segundo va improvisando en el medio de la tormenta. Por supuesto, eso aplica sin importar si se viene o se va, es un camino a la montaña negra.

Derecha a izquierda, derecha a izquierda, derecha a izquierda… Arriba y abajo, abajo y arriba, arriba y abajo… Esa es la acción de improvisar en el medio de la tormenta como actor principal, porque de una u otra manera las huellas siempre van a quedar en ese camino a la montaña negra.

Segundo acto

Son imágenes rápidas que vienen a la menta y se van deshaciendo ante mis ojos. Es un sonido que se va apoderando de mi mente y solo veo muchos pedazos cayendo, mientras me dejo llevar por el sonido de cada una de esas piezas de cristal que llueven por el piso. Sin embargo, lo que realmente se apodera de mi atención es ese vestido. Se trata de una mirada que da a entender que cree que ya es tiempo.

Me da igual, solo digo la verdad para seguir con su juego, sin embargo, cada trozo de cristal que el vidrio se lleva sigue allí en el suelo, mientras con mis pies busco no pisarlos, aunque torpemente la situación me sorprende con el llanto ¿Y ahora qué se puede decir? Fuerte, no estoy mintiendo y la experiencia me hace entender que pese a todo, hay debilidad en el entorno.

Es negro sí, también es una piel que no podría describir cromáticamente en este instante. Aquí lo que en verdad vale la pena es saber si da igual, si se trata de una mentira, además de identificar qué ocurrió con cada una de las piezas de ese prenda que se entremezcla con todos los trozos de cristal esparcidos por el suelo.

Tercer acto

Es un viaje al pasado, una travesía que abruma cada pequeño rincón de la memoria. Sin saberlo, sin esperarlo, se abre una puerta que se apodera de todo, son rayos de luz que se van apoderando de toda la sala. Hay una guitarra eléctrica que se superpone a cada una de las escenas que ocurren al frente. En realidad me sentaba en un tren mientras miraba por la ventana y los tonos verdes de las montañas iban cambiando de color frente a mis ojos. Es demasiado veloz, es que de verdad no había visto algo así antes. Prisionero fantasmal, es que me olvidé de ser real. En cualquier caso, como muñeco de hilo, ya lo dijo El Titán.

Es algo aparatoso, pero son monstruos que van caminando por el concreto sin poder siquiera esconder sus sombras. La celda se vuelve a presentar ante mis ojos, pero no son los ojos del día a día que me hacen enfrentar la vida, sino los ojos del progreso, del desconocimiento, de la realización de esa marioneta que no permite que la indecisión sea la vencedora. Voz angelical.

Cuarto acto

Se encendió la llama, era algo inesperado para muchos, pero finalmente ocurrió pese a todos los pronósticos alrededor. Es un ritmo del río que se lo va llevando todo poco a poco, eran las ganas de volar, era un cho de mi barrio que se había propuesto a  no ser como los demás. Es una de las particularidades de los sueños, en particular cuando son ideas de una persona a la que le llegan los cabellos hasta los hombros. La parte clave de la historia es que se va ignorando el qué dirán, sino que sean las razones de los demás las que se vayan apropiando de la veracidad de las palabras.

Es un punto clave del ejercicio, que sean los ritmos y las cuerdas las que se vayan apoderando del modo en que los dedos se van presionando contra las teclas, que se unan con las vibraciones del lautsprecher, de las exhalaciones, de los gritos, de las entonaciones, de cómo se va dando cuenta uno de las palabras necias, porque los ojos con los que se llega van a estar cansados, del mismo modo en que los cabellos van por los hombros. Son mil historias que se contaron de ese hombre que movía sus dedos a toda velocidad para que los choques de las ondas transmitieran justamente lo que quería.

Quinto acto

Es una introducción de la que pocos podrían opinar que no es mágica. Es un barco que va por el medio del mar, aunque algunos podrían afirmar con mayor precisión que es un río muy ancho como el Amazonas. Es un ave real que va por la ausencia y olvido. Ya es una idea de hoy, porque el águila sabe que es más sabia que el viento, pese a que los cazadores quieran lanzar sus flechas contra ella. Por eso, de un modo ágil entre las praderas y a través de las ramas de los árboles, ella consigue esquivar cada uno de los ataques.

Y vuela tan lejos que quien vuela en silencio sea como sea va a poder descubrir el secreto del juego. Muchos anteponen el soplar a pensar, la velocidad a la calma, la desesperanza a tomar las cosas con calma y serenidad, sin embargo, ninguna de esas reflexiones es importante. Fundamental en este caso es la velocidad de los dedos contra las cuerdas, de los tonos verdes, púrpuras, azules y rojos de esas pepas circulares que se entregan sus alas al fuego.

Sexto acto

Energía, dinamismo, velocidad y desnudez. Es un cuerpo voraz que toma con sus manos un sable para dar razones, para mostrar que aún tiene los reflejos suficientes para afrontar los obstáculos de la vida, pero paso a paso, con calma, sin precipitarse, porque las emociones absurdas pueden llevárselo todo. Hoy es la hora para que eso vaya fluyendo como los ataques que un guerrero permite que se den en su vida, porque es el hoy, así lo diría cualquiera.

Es un arte de vestir después del final, es la hora de volver y que esos movimientos bruscos sean los que asuman el control de cada uno de los movimientos de estar allí de nuevo, aunque ya sea el final de esa escena, de esa experiencia, de esa forma de cerrar el movimiento de los dedos y de las ondas. Es otra vez el coro angelical, pero que tiene una voz más aguda con el paso de los segundos. Y vuelve aunque algunos dirían o pensaban que ya se había terminado, pero vuelve a la vida hoy… es una lotería en la que desnudo eres fuego, y que se da después del final.